En general en el BDSM tiendo a ver dos tipos de relaciones de sumisión diferentes, según sea un tio o una tía el sumiso.
El aspecto de la típica mujer dominante en pvc con corsé, o de cuero, botas altas, liguero... es precisamente el aspecto que NO me gusta de las dominantes... Siempre es lo mismo. Es que no tienen más cosas que ponerse? Me parece mucho más erótico que la chica domine con la ropa que se siente poderosa. Con la que a ella le dé la gana. Aunque las botas altas me molan, todo hay que decirlo. Pero vamos, nada de horteradas, que a mi lo que me impone es su caracter, y eso no lo da la ropa. Creo haber leído en alguna parte que precisamente el aspecto típico que hoy tenemos de la dominante, viene de la manera de vestirse las prostitutas a fines del XIX y principios del XX para los servicios de disciplina.
Si el sumiso es un tío, tengo la sensación de que la mayoría de las veces la imagen que se persigue, el mito que se intenta alcanzar es un modelo que existe en la cabeza de él, no de ella. Él inventa una femme fatale, una cruel domina, un papel a su medida y ella lo interpreta. Normal tras siglos de complacencia en la cama... Ahora él pide determinadas cosas y ellas dicen entonces: "De acuerdo. ¿por dónde empiezo?". El problema que le veo a eso es que al final se acaba viendo a ellos disfrutando como locos cuando ellas interpretan el papel que ellos querían. Entonces quien domina a quien? Si es que.... hay tan pocas dominantas convencidas.... ains.......
Cuando es una chica la sumisa, creo que no funciona igual. Las sumisas me suena que (en general) se entregan para que hagan con ellas lo que les dé la gana a ellos (DE NUEVO, ELLOS)... es una entrega. Un ofrecimiento para que las usen como le dé la gana al dominante. Bueno, eso me dicen las sumisas que he conocido, porque luego hablando con dominantes masculinos tambien me suelen comentar que les cuesta más a ellas hacer algunas cosas que a los sumisos nos cuesta menos, por ser normalmente más guarretes, claro (jeje).
Una amiga mía ( ;) ) escribió en su blog lo encantada que estaba cuando su dominante le ató las manos a la espalda, le dió el bofetón del siglo que ella aún recuerda con placer y la usó como le dió la gana. Es ese tipo de entrega el que me gusta a mí. El ofrecerme a mi pareja como un libro en blanco... Diciéndole qué cosas me gustan y qué cosas no. No las digo como si fuese la carta de los reyes magos, pidiendo, pidiendo, pidiendo. Las doy como la lista de tapas en un bar: chipirones, patatas bravas, tortilla, croquetas, jamon iberico.... Es despues el invitado, el dominante quien elige si quiere tapas, si repite, cuántas quiere, y si cambia de restaurante o no.
Esa es la relación que estamos empezando a llevar mi pareja y yo. Cada vez más en esa dirección.
Ella está ahora mismo tomandose un café con su amante. Ahí ella decidirá con él, si quieren que baje y me presente, si quieren que me quede en una habitación para que ellos tengan toda la casa o que yo me vaya a otra parte hasta cuando quieran. Mi placer es que ella haga lo que le dé la gana. Y yo sin derecho a réplica.
El modelo que quizás más se aproxime al que nos gusta para guiarnos en esto es el del marido putero de toda la vida. Él se iba por ahí de putas cuando quería y la mujer en casita y calladita. La diferencia fundamental es que aquel tipo antiguo de matrimonio no era consensuado. Y lo de mi pareja y yo, obviamente, sí lo es.
Así lo entendemos nosotros. Ella se va con su amante, pone las reglas y cuando quiere abusa de ellas... y eso es lo que me hace feliz. Quizás cuente más adelante en qué ha quedado el encuentro de hoy.

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